A menudo hablamos del desarrollo sostenible y, en menos medida, del desarrollo sustentable. En ambos casos, se podría tener una idea de a qué nos estamos refiriendo por contexto o por sentido común. Lo cierto es que los dos nacen de una necesidad innata en el ser humano: la supervivencia como especie.

El origen de la confusión entre un término y otro está en un error de traducción del Informe Brundtland publicado en 1987. Se trata de un estudio donde se abordan las distintas posturas acerca del desarrollo económico y su relación con la sostenibilidad ambiental. El informe alertaba de las consecuencias medioambientales negativas del desarrollo económico y la globalización y trataba de buscar posibles soluciones a los problemas derivados de la industrialización y el crecimiento de la población. Cinco años más tarde, en 1992, se celebró en Brasil la conocida como Cumbre de la Tierra, una conferencia organizada por las Naciones Unidas en Ambiente y Desarrollo que, entre sus resoluciones, adoptó la idea de que el desarrollo sostenible debía abordarse desde un punto de vista legal. En esa cumbre se hablo de «sustainable development» y «desenvolvimento sustentável«, es decir, desarrollo sostenible, en inglés y en portugués, respectivamente.

El error de traducción hizo que se empezara a hablar de desarrollo sustentable en vez de sostenible, como si fueran sinónimos. Una confusión que se ha ido arrastrando hasta a día de hoy y que complica la interpretación de los términos.

¿Qué es el desarrollo sostenible?

Cuando hablamos de desarrollo sostenible estamos haciendo referencia a un tipo de desarrollo o crecimiento que consume los recursos naturales por debajo de la tasa de regeneración.

¿Qué es el desarrollo sustentable?

Un desarrollo sustentable sería algo distinto a sostenible, sustentable quiere decir que necesita a alguien o algo que lo sostenga o mantenga para poder funcionar. Cuando hablamos en términos ecológicos, lo normal es referirse al desarrollo sostenible.

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